Viajeros frecuentes: el trabajador internacional que nunca se fue al extranjero
Laura Gil Ferrer
Cuando pensamos en movilidad internacional, solemos imaginar una mudanza y los problemas que esto conlleva: la búsqueda de colegios para los niños, instalarse de nuevo, buscar un gimnasio que nos guste y ver cómo cuadrar horarios para llamar a los amigos y a la familia. Sin embargo, la realidad del trabajo internacional ha cambiado radicalmente.
Hoy existe una nueva categoría de profesionales que trabajan en varios países sin haber dejado nunca de vivir en España. No son expatriados. Simplemente viajan por trabajo. Y precisamente ahí reside una de las mayores transformaciones de la movilidad internacional de los últimos años.
Desde una perspectiva fiscal, cruzar una frontera por motivos profesionales rara vez es un acto neutro, ya que las administraciones tributarias revisan donde trabaja efectivamente el empleado, a quién presta servicios y quién paga por ellos.
Por ello, el Estudio Viajeros Frecuentes y 7p 2026 de Mercer, surge como una guía para profundizar en la planificación y gestión de los planes de movilidad que las compañías. No solo para implementar las mejores prácticas, sino para también conocer las obligaciones legales aplicables en entornos internacionales.
Un profesional puede pensar que desarrolla toda su actividad en España y descubrir, al revisar su agenda anual, que ha trabajado físicamente en cinco, diez o incluso más países distintos. Lo que parecía una semana de trabajo y un fin de semana en Venecia puede convertirse en una realidad con implicaciones fiscales relevantes.
La paradoja es que el mismo fenómeno que puede generar riesgos también puede generar oportunidades.
En España, una de las más conocidas es la exención prevista en el artículo 7.p) de la Ley del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF). Esta medida permite que determinados rendimientos derivados de trabajos realizados efectivamente en el extranjero queden exentos de tributación, hasta un límite anual de 60.100 euros, siempre que se cumplan los requisitos establecidos legalmente.
Lo interesante es que muchas personas asocian esta exención a grandes desplazamientos internacionales. Sin embargo, en la práctica, puede resultar especialmente relevante para aquellos profesionales que realizan múltiples viajes de corta duración a lo largo del año.
Por ello, las empresas están comenzando a mirar los viajes de negocio de una forma diferente. Durante años, la principal preocupación era organizar desplazamientos, gestionar gastos o reservar vuelos y hoteles. Hoy empiezan otros quebraderos de cabeza como son: ¿cómo cuento los días en el extranjero?, ¿qué actividades se van a realizar?, ¿hay riesgos fiscales?, ¿tenemos derecho a aprovecharnos de este beneficio?
La respuesta a estas preguntas es cada vez más importante en un entorno en el que la movilidad internacional ya no se mide por mudanzas, sino por presencia.
Porque el verdadero desafío rara vez se encuentra en el gran desplazamiento internacional que todo el mundo conoce y supervisa, al menos desde un punto de vista empresarial. Con frecuencia se esconde en esos pequeños viajes que parecen irrelevantes cuando se analizan de forma aislada, pero que, sumados a lo largo del año, dibujan una realidad completamente distinta.
En un mundo donde una reunión puede implicar cruzar varias fronteras en una misma semana, entender cómo viajan los empleados ya no es solo una cuestión organizativa. Es una cuestión de cumplimiento, eficiencia y planificación fiscal. Y quizá la pregunta más importante ya no sea quién vive en otro país. La pregunta es quién trabaja en otro país sin haberse dado cuenta.