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La cara más humana de la adopción de la IA: el conflicto y la pérdida 

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María Povedano

¿Qué sensaciones te genera normalmente el conflicto? ¿Y la pérdida?

Para la mayoría de las personas, estos conceptos tienen una connotación negativa. Tendemos a vivirlos como algo desagradable que hay que evitar o superar cuanto antes.

Y, sin embargo, son exactamente lo que necesitamos para cambiar. No hay cambio real sin conflicto ni pérdida.

Aterricemos la idea con un ejemplo que nos puede resultar familiar: todas aquellas veces en las que nos proponemos dedicar algo menos de tiempo al trabajo y más al autocuidado. Lo deseamos profundamente y, aun así, no terminamos de hacerlo.

Normalmente, se debe a que ese cambio implica dos cosas difíciles de sostener: un conflicto interno (una parte de mí quiere cambiar, pero otra no quiere soltar lo que ya funciona) y la aceptación de una pérdida (por ejemplo, dejar de ser en el trabajo "el que siempre está disponible" o "la persona responsable"). Y lo cierto es que ese conflicto y esa pérdida son incómodos de sostener.

Con la Inteligencia Artificial ocurre exactamente lo mismo. La conversación sobre IA suele empezar por la tecnología: herramientas, plataformas y casos de uso. No obstante, el verdadero reto no es técnico, es humano.

A modo ilustrativo, pensemos ahora en una persona cuyo valor profesional siempre ha estado ligado a elaborar personalmente un entregable. Con la llegada de la IA, se enfrenta a una pregunta incómoda: si la herramienta puede hacer gran parte de ese trabajo, ¿dónde está mi valor ahora?

Esa pregunta genera conflicto, y responderla exige pérdidas, como soltar la creencia de que "hacer" es la única forma de aportar valor profesional. Asimismo, conlleva el paso de ser "la que redacta el informe" a ser "la que aporta el criterio para que la IA lo redacte". Un cambio que toca la identidad profesional.

Y aquí hay un matiz clave: no basta con transitar este proceso de conflicto, pérdida y cambio una única vez, como si la adopción de la IA fuese un hito puntual.

La velocidad vertiginosa a la que avanza la transformación del trabajo con la IA exige algo más que integrar las herramientas disponibles hoy: exige desarrollar la capacidad de cuestionarnos continuamente si la manera en que aportábamos valor ayer sigue siendo válida hoy, y de sostener y transitar el conflicto y la pérdida que ese proceso implica, una y otra vez.

En este sentido, el cambio que se requiere en las organizaciones no se activa únicamente con formación en IA. Requiere también acompañar a las personas en el proceso de cambio interno: desarrollando en líderes y equipos la mentalidad y la capacidad para ajustar su forma de trabajar de manera continua.

La pregunta no es si tu organización está empezando a utilizar la IA. La pregunta es si está preparada para acompañar a las personas en el proceso de cambio continuo que eso implica.

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